miércoles, 27 de julio de 2011

Viajar en tren con un bebé

Este fin de semana, aprovechando el puente, estuvimos en Asturias visitando a la familia de mi marido. Era nuestro segundo viaje para ir a verles desde que nació la peque y ambos los hemos hecho en tren. 

Elegimos el tren porque tenía claro que el coche era una mala opción (nuestra nena odia ir en coche y, en la práctica, sólo conduzco yo), y el autobús no era mucho mejor que el coche en comodidad, ni en tiempo que el tren. Además, el tren tiene algunas cosas bastante chulas, como poder levantarse a dar un paseo, ir a la cafetería, que te calienten la comida de la peque... 

Como añadido, ya en nuestro primer viaje, descubrimos que el grupo 0 que tenemos cabe a los pies del asiento (dejando de caber los pies, claro), así que podíamos poner a la niña dormida en el asiento mientras comíamos o descansábamos un poco de tenerla en brazos. 

El viaje anterior fue un poco duro, especialmente la vuelta, y yo estaba temblando pensando en éste. 

La ida fue estupenda. La niña jugó un rato, hizo carantoñas a todos los que teníamos sentados cerca, cenó y se quedó frita. Despertó una hora antes de llegar a destino (23:50 como hora de llegada) y ya no hubo quien la durmiera, ni siquiera cuando intentamos hacerlo al llegar a la casa de mi suegro, pero bueno, a las 2:00 la teníamos dormida y estábamos en disposición de dormir nosotros también. 

La vuelta fue un poco más latosa, porque la niña estaba un poco tontorrona y su padre se resistía a sentarla en la silla, porque sabía que iba a montar un pollo. Aún así, insistí en que teníamos que dormirla y que la sentara y, después de mecerla un poco, cayó en letargo, dejándonos comer antes de hacerlo ella. Después ya no durmió más y quería jugar todo el rato. 

Yo no podía más, porque tenía un sueño que me moría, pero no había conseguido dormir nada; así que su papá se ocupó de ella, que para algo es el mejor papá/marido del mundo. 

Y ése fue nuestro viaje en tren. La próxima vez (que será para Navidad), repetiremos medio de transporte, porque sigo pensando que las alternativas son peores y, bueno, veremos qué tal nos va cuando ya no podamos utilizar el grupo 0...

viernes, 22 de julio de 2011

Conciliando por la fuerza

Mi hermana pequeña es abogado y, de vez en cuando, me manda leyes y sentencias sobre cosas que cree que me pueden interesar. El otro día me mandó una sentencia reciente relacionada con la conciliación y os la paso a detallar.

Mujer tiene hijo, coge baja de maternidad, se reincorpora y pide reducción de jornada, que la empresa aprueba. Pasa el tiempo y la mujer parece que no se acaba de reincorporar a tiempo completo, así que la empresa le ofrece hacerlo, ya que no sale de ella. La mujer declina. La empresa le pide que se reincorpore a tiempo completo, aunque sea cobrando como horas extra. La mujer declina. La empresa contrata a alguien para que complete su horario de tarde y sigue pidiéndole que se reincorpore. La mujer sigue negándose, así que le preguntan si piensa agotar el máximo legal. La mujer contesta abiertamente que sí. La mujer avisa de que vuelve a estar embarazada y la empresa la echa, alegando despido procedente, por motivos económicos y de reducción de plantilla.

El juez determinó que la mujer tenía razón porque:

1. La empresa no pudo demostrar con documentos que estuviera pasando un momento económico adverso que justificara el despido.

2. El puesto de la empleada no había desaparecido, como justificaban, porque, al poco de despedirla, hicieron indefinida a la compañera que hacía las horas de la tarde.

Conclusión:

Empresa condenada a devolver el puesto de trabajo a la mujer, dado que el despido se consideró nulo. Así mismo, obligación de la mujer de devolver la compensación económica recibida y de la empresa de pagarle todos los sueldos intermedios que había dejado de cobrar desde que había sido despedida.

Y me pregunto yo... ¿Hasta cuándo las empresas van a seguir persiguiendo a los trabajadores que eligen solicitar las pocas medidas de conciliación que hay en nuestro país?

Y luego nos llenamos la boca hablando de igualdad...

jueves, 21 de julio de 2011

¡Bebés al suelo!

Leo con frecuencia a madres preocupadas porque sus bebés de 10 meses o más no gatean, o por bebés de 8 meses que no son capaces de sentarse. Algunos ni siquiera se dan la vuelta para pasar de boca abajo a boca arriba, y viceversa.

Muchas veces, la primera respuesta del entorno es: "No te preocupes, cada niño tiene su ritmo..." Pero yo creo que las mamás hacen bien en preocuparse. Con esto no quiero decir que tengan que salir corriendo al pediatra (aunque sería bueno que se lo comentaran en la próxima visita), pero sí que es razonable preguntarse si no habrá algún problema cuando tu hijo está por debajo de la media a la hora de empezar ciertos comportamientos motrices.

Lo más probable es que el niño que tarda más en alcanzar un estadio de desarrollo motriz lo haga por falta de oportunidad. Si tu bebé está tardando más de lo normal en conseguir sentarse, darse la vuelta o gatear, deberías preguntarte: ¿Cuántas oportunidades doy a mi hijo de "trabajar" esas habilidades?

Un bebé normal debería pasar un buen número de horas durmiendo (es esencial que el bebé esté descansado), un cierto tiempo comiendo (es imprescindible que esté bien alimentado) y, al menos, 4 horas al día en el suelo (algunas de las cuales pueden ser durmiendo, aunque, si has de elegir, mejor que sea cuando está despierto).

Sí, sí, 4 horas. Sí, sí, en el suelo.

Es evidente que no vamos a dejar a nuestro bebé en un suelo sucio o demasiado frío. Utilizaremos alfombras, piezas de esas de puzzle o incluso una manta de actividades para que hagan de aislante. Así mismo, será necesario que esas superficies estén limpias, aunque no es necesario que estén estériles (tampoco te obsesiones con la limpieza).

El niño debería vestir con el mínimo de ropa imprescindible. Una ranita o body será suficiente cuando todavía no gatea. Si está empezando, ponle pantalón largo y calcetines si el clima lo permite. Si en tu casa hace mucho frío para tenerlo poco vestido, sube la calefacción o añade un radiador eléctrico en la habitación en la que se encuentre el niño, siempre cuidando que no se convierta en un foco de riesgo para la integridad del pequeño. Si el niño lleva mucha ropa, le costará moverse, así que tenemos que ponérselo fácil.

Es importante que, una vez en el suelo, estimulemos al niño a moverse. Para ello, podemos servirnos de juguetes, almohadones... Pero lo más importante es que estemos con el bebé. Debemos animarle verbalmente y con nuestro contacto físico. También es importante darle ejemplo. Si queremos que gatee, por ejemplo, es bueno que nos vea gatear a nosotros primero, porque eso hará que desee imitar nuestro comportamiento y, además, le dará una referencia del tipo de movimientos que tiene que hacer para conseguir moverse como nosotros.

Lo normal es que el niño se arrastre antes de gatear. Incluso hay niños que, una vez sentados, "culean" (arrastran el culete) en lugar de gatear. El principal objetivo es que el niño encuentre un modo de desplazarse y muestre interés por el entorno. Si esto es así, es cuestión de dejarle suficiente tiempo en el suelo que sea capaz de moverse con soltura.

Por supuesto, estamos hablando de dejar al niño en el suelo boca abajo. Esto puede inquietar a algunos padres, pues sus niños lloran mucho y parece que se agobian cuando están boca abajo. Conozco la sensación, porque nos pasaba con nuestra peque. Sin embargo, es importante tener en cuenta que sólo estando boca abajo podrán ejercitar los brazos y las piernas lo suficiente como para que sean capaces de sostener su peso. Boca arriba, podrán mejorar destrezas como golpear, agarrar o soltar objetos que cuelguen sobre ellos, pero no tendrán carga suficiente como para mejorar a nivel de fuerza.

Así mismo, hay un hecho poco conocido por muchos padres y es que sus hijos tienen un sistema respiratorio muy precario. Esto significa que no se adaptan bien a las demandas extras que supone hacer un esfuerzo físico grande. Por tanto, para aumentar su frecuencia respiratoria (y también cardíaca) algunos niños lloran, consiguiendo que una mayor cantidad de aire entre en su organismo. De hecho, al poco de empezar a llorar, es frecuente ver a los niños aumentar su nivel de actividad y una mayor cantidad de movimiento es fácilmente observable. Los padres tenemos que aprender a diferenciar este llanto de "esfuerzo" de los llantos asociados a dolor, hambre, sueño... Mientras el llanto sea de esfuerzo, es mejor dejar al niño intentar moverse. Le está costando, pero merecerá la pena. Una vez el niño consigue un logro evidente para ti y para él (avanzar unos centímetros arrastrándose, por ejemplo), abrázalo, bésalo, dile lo orgullosa que estás de él... Ha hecho un gran esfuerzo y ha obtenido un gran logro, no dejes que os pase desapercibido a ninguno de los dos.

También es importante que no dejes que el niño se fatigue demasiado. Si estás con él, pronto sabrás distinguir cuándo empieza a cansarse. Entonces, cámbialo de posición, inicia con él otra actividad... Haz algo distinto con él hasta que esté recuperado y descansado como para volver al suelo boca abajo. Al principio, podrá estar en el suelo boca abajo sólo unos minutos sin fatigarse demasiado. Si es así, no fuerces más, cuando veas que empieza a cansarse cambia de actividad y vuelve cuando vuelva a estar en condiciones óptimas.

Entonces, ¿no has dicho que en el suelo 4 horas al día? Sí, pero no seguidas. Un ratito aquí, otro allá. Igual al principio no son 4 horas, porque tu bebé aún duerme mucho o se fatiga demasiado. No pasa nada. Las 4 horas son un objetivo que alcanzaremos poco a poco. De hecho, cuando empiece a moverse con soltura, tu problema no será qué hacer para dejarle en el suelo, sino cómo convencerle de que hay que hacer otras cosas.

Una cosa que ayuda mucho a los bebés que se angustian boca abajo (y aún más a sus padres) es aprender a darse la vuelta. Próximamente os contaré cómo ayudamos nosotros a nuestra peque a desarrollar esta interesantísima habilidad.

Si queréis saber más sobre cómo ayudar a vuestros bebés a mejorar en su desarrollo motor, os recomiendo leer: "Cómo enseñar a su bebé a ser físicamente excelente", de Glenn Doman. Su programa es muy ambicioso y sólo para mamás a tiempo completo, pero podéis coger ideas para hacer vuestro propio plan de estimulación.

jueves, 7 de julio de 2011

Pirañita usa chupete

DentyChild_light copyphoto © 2009 sovgunga | more info (via: Wylio)

El tema del chupete siempre es controvertido. ¿Se lo doy o no?

Mi primera opción fue "no". Había leído que podía interferir con la lactancia y, si había algo que tenía claro, era que quería dar el pecho a la peque. Además, está el mito de los problemas con los dientes, aunque eso no me afectó tanto como lo otro.

Sin embargo, por la presión de las enfermeras y la familia, acabamos poniéndole un chupete la segunda noche, bajo la falacia de que dormiríamos mejor. No dormimos mejor. Mi marido sí, pero fue porque yo me ocupé de la peque toda la noche, no por el chupete. Al final, en lugar de levantarte a consolarla, te levantabas a volver a meter el chupete en su boca. Así que dejamos de usarlo más convencidos que nunca.

A eso de los dos meses, la peque empezó a chuparse constantemente los puños, que intentaba meterse enteros en la boca. Además, mostraba molestia en la boca. Pensamos que igual le molestaban las encías y no nos hacía gracia que se aficionara a meterse la mano o los dedos en la boca, porque el chupete se lo puedes quitar, pero a ver cómo le quitas el dedo.

Conclusión: Pirañita empezó a usar chupete.

Como aún era muy torpe, se le caía y no era capaz de volver a metérselo en la boca, así que me pasaba las noches levantándome lo justo para encontrar el chupete extraviado y devolverlo a la boca de la peque. Cuando, con 3 meses, la cambiamos a su cuarto, iba a su habitación sólo a volver a colocarle el chupete porque, aunque despierta ya iba teniendo cierta destreza, medio dormida no había manera.

Supongo que fue porque esperamos dentro de los plazos que se recomiendan, pero el chupete no nos dio problema alguno con la lactancia. De hecho, la niña sigue mamando como una campeona, y eso que ahora toma un biberón de cereales todas las noches antes del pecho.

Con el tiempo, me enteré de la recomendación de utilizar chupete porque está demostrado que reduce el riesgo de muerte súbita del lactante. Es curioso que, al contrario que pasa con la postura para dormir, de esto no haya tanta información.

De momento, el chupete es un consuelo válido para Pirañita. Me pregunto cómo lo pasaremos el día que decidamos quitárselo... Pero bueno, como la recomendación de uso es hasta el año para prevenir la muerte súbita, supongo que, como mínimo, se lo mantendremos hasta entonces.

martes, 28 de junio de 2011

Por qué compré... Cross Reverse de Jané


Aquí inauguro una nueva sección: Por qué compré...

Tenía ganas de compartir algunas de mis experiencias comprando cosas de bebé, tanto las que me han servido, como las que no. Empiezo por la silla, porque nos costó mucho decidirnos y casi no había información sobre ella en internet.

Después de mucho informarme, tenía claro lo que quería antes de ir a la primera tienda, lo cual tenía la ventaja de no sentirme abrumada por la amplia gama de artilugios y prestaciones de las sillas, pero también la desventaja de limitar mucho el abanico de opciones reales, porque no era fácil encontrar todo lo que quería.

Lo que buscábamos era una silla que tuviera:

- Silla, capazo y, a ser posible, grupo 0 (para no tener que pagarlo a parte).

- 4 ruedas, ni 3, ni 6, ni 8.

- Dimensiones adecuadas para nuestro ascensor. Vivimos en un 6º, así que esto no era negociable.

- Varias posiciones de respaldo y varias para las piernas, de forma independiente (ahora se lleva mucho tener una hamaca que gira en bloque, lo que no permite que el niño esté realmente tumbado).

- Una posición de respaldo y piernas que permitiera al niño tener la espalda completamente recta, como si estuviera en el capazo.

- Sujeción a 5 puntos para el niño.

- Plegado en paraguas y que, una vez plegada, se mantuviera de pie.

- Manillar con varias posiciones.

- Manillar con barra, que se pudiera manejar con una sola mano.

- Cesta inferior ancha.

- Que no tuviéramos que comprar accesorios a parte.

- Un buen servicio técnico y recambios a tiempo vista.

- Silla que permitiera llevar al niño mirando hacia mamá o hacia la calle, según conveniencia.

- También queríamos que fuera lo más ligera posible, aunque eso no siempre es compatible con todo lo demás.

Estos criterios eliminaban la mayoría de las sillas, especialmente por el plegado y las posiciones de respaldo y piernas. También el tema del número de ruedas nos quitó algunas de la lista, aunque ahora hay muchas con 4 ruedas simples.

Al final, nos quedaron la Trio de Chicco, la Streety de Bebeconfort y la Cross Reverse de Jané.

Compramos la de Jané porque era más robusta (aunque pesaba más), tenía el capazo homologado para el coche (así no teníamos que poner al bebé recién nacido en el grupo 0), las ruedas de atrás eran todoterreno (lo cual es importante cuando tienes que subir y bajar 8 escalones para entrar y salir del portal) y las otras tenían críticas dudosas en internet. En realidad, creo que ahí la Cross Reverse salió ganando sólo porque no encontramos nada.

Mi suegra, que era quien nos la regalaba, no parecía muy contenta cuando le dijimos cuál era nuestra elección, porque la que nos habían enseñado en la tienda el día que la vimos era morada y no le gustó el color. En realidad, ella nos habría regalado la Bugaboo Camaleon, si yo no hubiera comentado las muchísimas pegas que le encontraba (sin mencionar el precio). De todas formas, creo que ahora se alegra de que eligiéramos ésta, porque se da cuenta de lo práctica que nos resulta.

Elegimos las telas de color vino y la Fórmula Strata (capazo + grupo 0). El color es el que más me gustaba y volvería a elegirlo, pero creo que, a toro pasado, hubiera escogido el capazo Matrix, que se convierte en grupo 0. Es un cacharro menos en casa y da el mismo servicio. También es verdad que a mí no me gusta poner el grupo 0 en la silla y viajamos muy poco en coche.

Después de más de 7 meses de uso puedo decir que estoy contenta con la compra, aunque no es perfecta, ni mucho menos. La recomendaría, pero le encuentro algunas pegas que estaría bien que resolvieran.

Pros: Todo lo dicho hasta ahora. Además, tiene una ventanita en la capota que te permite ver al bebé cuando va en sentido de la marcha que encuentro bastante chula. Encuentro que las ruedas todoterreno han sido un acierto porque, aunque vivimos en la ciudad, para ir al parque, atravesar zonas en obras, baches o subir bordillos son estupendas.

Inconvenientes: Tiene el freno en el pie y, además, a nosotros se nos atasca a veces cuando lo quitamos. No se puede plegar sin quitar la capota de la silla. A pesar de caber en nuestro ascensor es bastante grande y pasa justita por muchas puertas. No se puede plegar si está en la posición en que el niño mira a la madre.

Espero que os haya gustado y, sobre todo, que os haya servido, bien para decidiros por ella, bien para descartarla.

viernes, 24 de junio de 2011

Estimulación: ¿sí o no?


Stimulation Babyphoto © 2008 Arild Langtind | more info (via: Wylio)

En el blog de Me gusta ser mamá hay una entrada en la que Mamareciente pregunta sobre el Método Kumon. A partir de ahí, algunas hemos hablado de algunos métodos de estimulación y otras han decidido criticarlos, incluso jactándose de no conocerlos. Cada familia intenta dar a sus hijos lo que cree que es mejor y, si esa es la medida, las distintas opciones son igualmente respetables. Sin embargo, creo que no está de más hablar de ello y por eso os voy a contar un poco lo que hago y por qué.

Yo estimulo a mi bebé. No sé si lo hago mucho o poco, sólo que lo hago más que unas mamás y menos que otras. En realidad, todos estimulamos a nuestros bebés. ¡Pobres de ellos si no fuera así! Recuerdo un estudio del que nos hablaron en la carrera en la que dos psiquiatras habían tenido un hijo y lo habían metido una burbuja para ver qué pasaba. El niño acabó con retraso mental, motor, autismo... Ni que decir tiene que les quitaron la custodia y, si el mundo es justo, les mandarían a la cárcel. Pero demostraron algo importante: Un niño que no recibe estímulos, no se desarrolla.

Por tanto, la pregunta no es si estimular o no al niño, sino cómo, cuándo, cuánto...

adventures in babysittingphoto © 2007 Jodie Wilson | more info (via: Wylio)

Hay familias que deciden no hacer una estimulación sistemática a sus hijos, porque piensan que no merece la pena el esfuerzo, que no va a tener efecto, que es algo así como medio maltratar a sus hijos... Otras familias hacen planes de estimulación supersistemáticos e hiperambiciosos para convertir a sus hijos en los genios del S. XXI.

Yo no quiero dejar el desarrollo de mi hija al azar. No quiero que le falte estimulación en ningún área porque no me he puesto a ello. Creo que sería un error por mi parte pensar que, por casualidad, voy a responder a todas las necesidades estimulativas de mi hija con suficiente intensidad y frecuencia sin pensar en ello. Quiero hablarle lo suficiente, repetirle el nombre de las cosas lo suficiente, dejarle moverse lo suficiente...

Lo suficiente, ¿para qué? Pues para que sea todo lo que pueda y quiera ser.

She sits!photo © 2010 Sonya Green | more info (via: Wylio)

Tal y como yo lo veo, nuestra obligación como padres para con Pirañita es dejar que lo explore todo, que lo conozca todo y que sobreviva al proceso. Nada de palabras ñoñas, nada de tonterías, hechos y verdades. Le costará lo mismo aprender cualquier tontería que algo útil. Prefiero que sea lo segundo que lo primero.

Y, ¿cómo aprenden los niños? Repitiendo, repitiendo, repitiendo... Pero no como imposición o castigo, sino como parte de nuestra rutina de juegos. Podemos darle la oportunidad de no aprender nada, encerrándola en un corralito todo el día con cuatro juguetes que tiene más que vistos, o podemos enseñarle cosas nuevas y emocionantes mientras nos movemos por toda la casa (aunque nos arriesguemos a llevarnos más coscorrones y los papás tengamos que estar más pendientes). Así es como lo vemos y, por eso, tenemos un plan de actividades con la peque, que incluyen tenerla en el suelo todo el tiempo que estamos en casa y no está durmiendo.

Y no, no vamos a "sobreestimularla". Cuando se cansa o no le apetece, pasa; y tú ya puedes hacer lo que quieras, que ella ha visto una mota de polvo más interesante que tú y no hay nada que puedas hacer para evitarlo. ¡Qué listos son los bebés! Y, ¿para qué vas a luchar contra los imponderables? Si no le apetece, ya le apetecerá en otro momento (o no, ya se verá).

Baby Flash Cardsphoto © 2007 caroline tran | more info (via: Wylio)

Mi hija no necesita que la convierta en un genio, porque ya lo es. Y la hija de la vecina del tercero. Y ese niño que me crucé esta mañana por la calle. Y ese bebé con Síndrome de Down, ése también es un genio. Todos los niños lo son. Son genios del aprendizaje. El más torpe puede aprender cualquier cosa más rápido y mejor que yo, que tú, que tu jefe y que aquel tipo tan inteligente que hizo contigo la carrera. Sabios no, porque eso lo da la experiencia, pero inteligentes... Más que nadie que conozcas.

Y, por cierto, les encanta. Les encanta aprender. Lo quieren aprender todo y, al igual que nosotros, lo quieren ya. La diferencia es que a ellos no les detiene fallar, caerse, pronunciar mal, tener que repetir lo mismo una y otra vez hasta que salga... Ni siquiera les detiene su propia integridad física. Todo vale. ¿Qué textura tendrá eso? ¿A qué sabrá? ¿Cómo huele? ¿Suena si lo muevo o lo golpeo? ¿Podré ver lo que tiene dentro? Y les da lo mismo que sea un juguete, una cuchara o un enchufe.

La verdad es que ella se apunta a todo, el límite es lo que nosotros podemos aguantar, tanto física, como mentalmente. Al fin y al cabo, ella es un genio y nosotros sólo sus padres.

uriphoto © 2003 ella | more info (via: Wylio)

miércoles, 22 de junio de 2011

Guarde, sí o no

Guardería Garabatosphoto © 2011 Alejandro Manuel López Garrido | more info (via: Wylio)

El año pasado, pedimos plaza para Pirañita en la guardería pública, estando yo todavía embarazada. Como nacía después del veinti-algo de junio, nos metieron en la lista de espera y, cuando nació, no tenía plaza. Ninguna sorpresa, a parte de lo injusto que es que una familia no tenga derecho a plaza en base a la fecha de nacimiento de sus hijos, pero bueno...

Al final, contratamos a una señora que se ocupa de ella desde que mi marido se va a trabajar hasta que yo llego del curro. En total, está con ella 6 horas, porque mi marido ha hecho un cambio de horario y yo una reducción de jornada y así pasamos el máximo tiempo posible con ella. 

Este año, pedimos otra vez la pública y 3 concertadas de nuestra zona. 

Los de la pública te mandan un montón de emails y sms para decirte que tu hija no está admitida. Las concertadas hay que visitarlas una a una para descubrir si has tenido suerte. Sonó la flauta y conseguimos plaza en la que está más cerca de casa (que era la que más me gustaba). 

Hoy han llamado a mi marido de la pública y le han dicho que ha quedado una plaza libre y que, si la queremos, es nuestra. Aún no hemos entregado la matrícula en la otra, pero sí la solicitud de la beca de comedor (no creo que nos la den, pero hay que intentarlo...). En realidad, cuestan lo mismo, tienen las mismas ratios... Las principales diferencias tienen que ver con que la pública la abrieron este curso y la otra lleva muchos años abierta. Es cierto que la concertada tiene niños desde los 0 a los 6 años y la pública sólo hasta los 3, pero da igual, porque tiene patios separados por edades. 

En cualquier caso, este no es el dilema que me preocupa, porque creo que iríamos a la concertada, que tiene una hora más de clase al día por el mismo precio. La duda es si ir o no. 

Luc with Toysphoto © 2007 Michael Coghlan | more info (via: Wylio)


Nunca me han gustado mucho las guarderías. El concepto me repatea un poco. Cuando lo digo en voz alta, todo el mundo me dice lo super-importante que el bebé se socialice. Soy diplomada en magisterio y he estudiado un poquito sobre desarrollo evolutivo y creo que un bebé de menos de un año no se va a beneficiar en absoluto de esa supuesta "socialización". De hecho, si pudiera quedarme en casa, ni me planteaba lo de la guarde: Un entorno hostil, exceso de niños por cuidador (si a mí me cuesta sólo con una...), institucionalización, adaptación de la niña a los horarios de los cuidadores y no al revés, enfermedades...

Pero, claro, la mujer que cuida de la niña (que es estupenda) cobra más que lo que cuesta la guarde con comedor y, además, podría volverse a su país cualquier día (riesgo muy real, porque el resto de su familia ya se ha vuelto) y dejarme en una situación comprometida, porque con ella la dejo con toda confianza, pero meter una desconocida a cuidar de mi peque... Pero, si tuviera a alguien de confianza que cobrara lo mismo, aunque sea un esfuerzo, puede merecer la pena. 

Y, claro, el año que viene no conseguimos plaza en una guarde pública o concertada ni comprando un jamón a la directora... 

¡Cómo odio no poder quedarme con mi peque, que es lo que me gustaría...!